ARREGLÁ, PERO INFORMAL...


Ya sabéis que en mi trabajo he de ir afeitadito, y mira qué me jode, so pena de que te pongan un parte disciplinario, que a mí me ha gustado siempre llevar perilla por varias razones: En primer lugar, porque con ella no parezco tan aniñado, y aparento mejor la edad que tengo (¡y eso que no uso cremitas, sólo agua clara, y si voy con prisas, me afeito a palo seco!), en segundo lugar, porque me gusta, y tercero y fundamental, ahora que está tan de moda el eco-ahorro, porque me niego a que mi pobre organismo se pase toda la noche, con el esfuerzo y la energía que eso debe de suponer, fabricando un pelito, con sus correspondientes células, para luego llegar yo por la mañana y ¡hala todo el trabajo de la noche a la mierda!... Siempre he dicho que si, un extraterrestre, aterrizara en el planeta tierra a las ocho de la mañana, pensaría que los humanos somos gilipollas: El 50 % de la población, la masculina, automutilándose con todo tipo de aparatos cortantes para afeitarse, y el otro 50 % de la población, la femenina, aplicándose todo tipo de potingues y sustancias para aparentar ser lo que no son...

Y encima, en el trabajo me obligan a ir uniformado... que si nos referimos al uniforme (tenemos dos modelos) de “tienda (cara al público) parecemos el payaso de MICOLOR, en plan hortera, y el modelo “extra-tienda ( es decir, en los puestos que el público no ve, que según la nueva combinación de colores, parecemos agentes del SEPRONA, que sólo nos falta la escopeta y el sombrero tirolés con una pluma de faisán)... Como podréis comprender, y os digo desde ya que mi novio no lo comprende, cuando es hora de salir a la calle, un día normal, a mi novio le encanta arreglarse, y para según que eventos, hasta se me viste de traje y corbata cuando a mí, que ya me paso con chaqueta y corbata toda la semana, lo que menos me apetece es, precisamente, enchaquetarme de nuevo, por lo que me apaño poniéndome cualquier cosa, además, cuando más zarrapastrera, vieja, desgastada e informal, mejor... ¡Y claro, luego salimos juntos y la imagen que damos, mi novio y yo, es la de un señorito con su lacayo, o la de un “dandy” al que persigue un pordiosero....!

Y esto me lleva a hablaros de moda, de mi moda, de mi estilo de vestir... cuando por fin tuve la edad de comprarme yo la ropa (aunque siguiera viviendo con mis padres, es decir, ya me daban el dinero, pero la ropa ya no me la compraba mi madre) recuerdo que mi madre ponía el grito en el cielo cada vez que me compraba unos vaqueros, porque a mí me gustan con ese aire de gastados, lavados, o estropeados... entre otras cosas, al estar lavados con piedras, o desgastados, o lo que sea, la tela es más suave, y no tan tirante como la de unos vaqueros clásicos y requetenuevos... Y es que yo, con unos vaqueros gastados, unas zapatillas de deporte blancas (unas PAREDES de toda la vida de Dios) y cualquier camisa (azul a poder ser) o camiseta... ya me considero vestido para cualquier ocasión, que no es plan de ponerse “el chándal y los tacones” como cantaba la MARTIRIO, pero sí “arreglá, pero informal”... o sea que conmigo no va esa otra copla, de la niña MARÍA ISABEL, creo, de “antes muerta que sencilla”.

Eso sí, que si hay que arreglarse en plan BBC (no de reporteros de la famosa cadena británica, sino en plan BODAS, BAUTIZOS y COMUNIONES), pues me arreglo y santas pascuas, que en esto, se ve, mi novio y yo casi siempre rompemos con el protocolo, o la norma no escrita, de que a cualquier evento social no se debe ir más arreglado que el centro de atención del evento, para no quitarles protagonismo... eso dicen, pero si mi novio y yo vamos a un acontecimiento BBC ¡Tened por seguro que vamos más guapos que el novio, más bonicos que el niño de la comunión, más elegantes que la madrina del bautizo, y con un traje más bonico que el del muerto del entierro! Mi novio por descontado, en mi caso, me dejo vestir por él, lo que hace que nos tengamos que vestir dos horas antes, no en plan maruja, sino porque yo empiezo a refunfuñar... en plan... ¡Ese traje no...! ¡No me gusta esa corbata! ¡Vamos a parecer gemelos! ¡La gabardina me agobia...! pero bueno... al final siempre le hago caso...

Esto, cuando le hago caso a él, que si es para ir, por la mañana, al banco, al supermercado o al estanco, entonces voy de un adefesio tal (chándal desgastado, camiseta zarrapastrosa, las zapatillas de paño de cuadritos de estar en casa, despeinado y sin afeitar) que si me paro el tiempo suficiente en cualquiera de la puerta de los establecimientos mencionados... ¡seguro que hasta me dan limosna!

Que en una ocasión, era tal mi aspecto, que la cajera del supermercado me dijo (esa pinta me vería): “¿Enfermo?” y yo le respondí: “No, de vacaciones...” Y es que, lo dicho... y lo confirmo: “Arreglá, pero informal”...